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Publicado 20/02/2026

El dolor lumbar bajo (DLB) es, probablemente, una de las quejas más comunes en la consulta de AP, y una de las que mayores licencias por incapacidad laboral temporal genera. Para su tratamiento, la terapia médica convencional (TMC)  –de acuerdo a guías y protocolos basados en evidencia– propone una aproximación que se basa en medidas no farmacológicas, cursos cortos de antiinflamatorios y relajantes musculares (*), pudiendo estar o no acompañada de fisioterapia, considerada una terapia complementaria y no parte del tratamiento agudo en sí.

Tales elementos ligados a la TMC, por estar bien delimitados y ser bastante accesibles, no representarían mayor problema en su manejo si no fuese por la tendencia del DLB a tener recurrencias frecuentes y en algunos casos a cronificarse. Por tales circunstancias, con frecuencia la TMC podrían requerir ser usadas por largos períodos de duración, con el consecuente riesgo incrementado de efectos secundarios. Tal propensión de aquellos tratamientos prolongados es particularmente preocupante si el dolor en cada episodio es severo, o sí el paciente debe usar antiinflamatorios más potentes o analgésicos opioides. Por ese motivo, múltiples guías recomiendan favorecer el uso de terapias no farmacológicas alternativas, que puedan mantener controlados los síntomas, sin incrementar los riesgos colaterales.

Dos de los tratamientos alternativos más recomendados en esta línea son la acupuntura y las maniobras quiroprácticas (MQ), las cuales en estudios observacionales con muestras reducidas se han mostrado beneficiosos al tratar el DLB. Entonces, para ir avanzando en la clarificación del valor de tales tratamientos en el control del DLB, el estudio randomizado, multicéntrico y sin cegar, PACBACK, incluyo a las MQ y otro tipo de tratamiento que aunque no es 100% no farmacológico, son alternativos a la TMC: La autogestión biopsicosocial asistida por un prestador (AGBA). En ese sentido, el mencionado estudio ofreció MQ, TMC y AGBA a alrededor de 1000 pacientes, dividiéndolos en diferentes grupos, midiendo índices de movilidad y discapacidad en cada uno de ellos.

Contra lo que podría suponerse, las diferentes opciones ofrecidas tuvieron pocas diferencias en sus resultados, aunque con una ligera variación en favor de la AGBA que tuvo menor discapacidad y mayor movilidad en el período estudiado, y una ligera menor efectividad (de relevancia limitada) para la MQ.

Para quienes no están familiarizados con la AGBA, esta es una de las variadas terapias para el dolor crónico y otras afecciones de curso prolongado, basadas en una aproximación biopsicosocial. Ella combina diversas aproximaciones, incluyendo la farmacológica en dosis reducidas y bajo el control del paciente. En ella, se espera que el paciente, y su familia aprendan a tomar las mejores medidas para controlar su problema crónico, debiendo lidiar por si mismos, no sólo con el síntoma crónico, sino también con las condiciones psicológicas y sociales que suelen empeorar el síntoma. Ellos deben aprender intensivamente de su mal, particularmente del modo de monitorearlo, y estar en condiciones de intervenir en su curso usando las herramientas que se les ofrecen.

Aun cuando la AGBA puede ser ofrecida sola, luego de una formación intensiva del paciente al respecto, es peferible contar con la participación de un coach que les ayuda a los pacientes, periódicamente a reencauzar su enfoque. En estos casos, la aproximación tiene el potencial de ser, a la larga, más sostenible y costo efectiva para la AP. Ello es así pues la AGBA, por no requerir contacto permanente con personal especializado, sino que se basa en prestadores no clínicos, empleando herramientas ampliamente accesibles, y con los beneficios importantes en comparación a la TMC que se encontraron en este estudio, podría tener un amplio potencial de expansión, en diversos sistemas de AP.