Se dice que lo que diferencia al ser humano de los otros seres irracionales es la capacidad de comunicarse con sus pares, aunque ello no es del todo cierto pues existe entre los animales una comunicación básica que les sirve para cazar en grupo, aparearse, etc. Sin embargo, lo que sí es privativo de los seres humanos es, en buena cuenta, la capacidad de emplear el lenguaje hablado para ejercer influencia sobre otros seres humanos, induciéndolos a realizar determinadas acciones de manera voluntaria, en teoría, de acuerdo con un marco técnico, respetando principios éticos –subyugados a sistemas de creencias comunes–, bajo principios morales y con un objetivo común. Y ello es lo que en principio tratamos de hacer los trabajadores de salud, esto es, influir sobre nuestros pacientes y usuarios para que adhieran a las recomendaciones terapéuticas proporcionadas, las cuales en principio les ayudarán a recuperar y mantener la salud.
Y este es el elemento que se olvida frecuentemente en nuestro trabajo en la Atención Primaria (AP), cuando dejamos de emplear una adecuada comunicación como un modo de inducir a nuestros pacientes a ayudarse a sí mismos. Con frecuencia nuestras interacciones se convierten en un flujo de contenidos en un solo sentido, de nosotros hacia ellos, no dándonos tiempo para recoger información desde su perspectiva de enfermos, lo cual podría hacer más efectivo nuestro intercambio. Esta materia es abordada por un artículo reciente publicado en el Mayo Clinic Proceedings, en el cual se refuerza la necesidad de que el profesional de salud oiga al paciente, siguiendo algunos valores fundamentales que deben inspirar a todo consultante y en especial a los médicos.
Los valores resaltados por el artículo incluyen a la honestidad en la relacion, al deseo de establecer una conexión compasiva con los pacientes, a la obligación moral de prodigarles un trato adecuado, etc. Tal tipo de escucha del paciente debe tener una concreción concreta desde diversas perspectivas: 1) Oir como un ser próximo, y no como un Clerk de ventanilla, 2) oír con curiosidad real por el paciente, 3) Oir con una actitud que cosecha confianza, 4) Oir que empodera y aporta resiliencia, etc.
Los autores, en ese sentido, ofrecen hitos fundamentales al respecto de como convertir dichas pautas generales en acción concreta con nuestros pacientes, priorizando, al igual que otras publicaciones previamente aparecidas, a la alianza con el paciente y la familia como un modo de fortalecer la comunicación.
Debemos reconocer que, como producto de la insuficiente formación recibida por los profesionales médicos para desarrollar sus habilidades comunicacionales, muchas veces, ellos muestran una limitada competencia técnica para interactuar adecuadamente con sus pacientes y usuarios. Entonces, vencer dichas limitaciones, se presenta como un gran escollo para tales trabajadores de salud, el cual debería ser acometido por la sociedad en su conjunto, y particularmente por los colegios profesionales, apuntalando las competencias requeridas para lograr una adecuada comunicación que ayude a perfeccionar nuestra práctica en la AP.
Fuentes de información:
The Value — and the Values — of Listening. Mayo Clinic Proceedings. Vol 100 (9), 1482-1486. 2025
https://www.mayoclinicproceedings.org/article/S0025-6196(25)00311-8/fulltext
Improving How Clinicians Communicate With Patients: An Integrative Review and Framework Journal of Service Research 2023, Vol. 26 (4) 493–510. 2023 https://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.1177/10946705231190018
