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Publicado 22/01/2026

Particularmente para los colegas de la Atención Primaria (AP) que ejercen, ya sea en servicios de la seguridad social o dependientes de la autoridad sanitaria ministerial, son relativamente comunes los desabastecimientos en la farmacia del establecimiento. Ello significa que los pacientes se enterarán, al pasar por dicha farmacia institucional, que el medicamento prescrito no está disponible, con una de tres posibles consecuencias: 1) el farmacéutico le ofrecerá un sustituto, aproximadamente parecido al recetado, 2) el paciente deberá volver donde su consultante para que este le prescriba un producto diferente, o 3) la medicación no será ofrecida en la institución, debiendo ser comprada comercialmente, con frecuencia a un precio más alto.

Aun cuando no existen muchas investigaciones al respecto en nuestros ámbitos de trabajo Latinoamericanos, las características de dichos desabastecimientos pueden ser extrapoladas a partir de un estudio entre 902 practicantes de AP de servicios de Medicina Familiar, centros ambulatorios especializados, consultorios privados, etc. de Estados Unidos (EEUU).

En tales establecimientos, los mencionados desabastecimientos parecen ser bastante frecuentes, ya que tal situación fue reportada por más de 20% de los entrevistados. De entre quienes reportaron un desabastecimiento en el servicio de AP donde trabajaban, casi 9 de cada 10 dijeron que percibían una disminución en la calidad del cuidado de los pacientes, como consecuencia de haber cambiado el tipo de medicación. Dos tercios de ellos dijeron que prefirieron posponer la prescripción hasta que se haya solucionado el desabastecimiento.

En cuanto a los resultados negativos de los eventos estudiados, casi la mitad de los entrevistados plantearon que, entre los afectados por la falta del medicamento, el avance de la enfermedad había sido una consecuencia del desabastecimiento, además de la discontinuidad del tratamiento. Igualmente, un porcentaje cercano al 15% de los entrevistados notificó la aparición de efectos adversos, producto del cambio de medicación motivado por el desabastecimiento.

Además, fueron resaltados también efectos negativos sobre el profesional de salud, tales como el estrés adicional, reportado en más de la mitad de los participantes e incluso el burnout que tales desabastecimientos pueden provocar en una fracción de los mismos.

Entonces, aunque tales desabastecimientos son tan comunes que en muchas circunstancias su ocurrencia ha sido casi normalizada, lo cierto es que ellos traducen debilidades del sistema cuyas consecuencias son potencialmente serias, como las que se describen en este estudio, y por ello deben ser superados. Algunas posibilidades resaltadas para reducir los desabastecimientos son las alertas a los consultantes cuando las unidades de un producto están por acabarse, las cuales en muchos casos no existían, ya que, en un alto porcentaje de situaciones, fueron los mismos pacientes, quienes avisaron a los prescriptores de tales desabastecimientos. Igualmente, es útil el reforzamiento de la coordinación entre los responsables de la farmacia local y los prescriptores de AP, los cuales pueden establecer estrategias conjuntas para morigerar el impacto de dichos desabastecimientos

Autor: Dr. Miguel Suarez-Bustamante, quien es un experto en Medicina Familiar y Atención Primaria, así como sus correspondientes conexiones con la Salud Pública. Es Director de la Unidad TEAM MF APS y miembro fundador de IDEFI LATAM.

Fuente: Treatment Modifications After Drug Shortages Among Primary Care Physicians

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12780924