Aun cuando se conocía desde hace tiempo la asociación entre un peso incrementado y un mayor riesgo de infección, la misma nunca había alcanzado una expresión tan patente como durante la pandemia del COVID 19, cuando la obesidad se estableció como un factor de riesgo para formas más severas de tal infección viral. Así, fue claramente demostrado durante tal periodo que las personas obesas, al igual que aquellos afectados por enfermedades crónicas y comorbilidades respiratorias, presentaron mayores admisiones hospitalarias y muertes, que quienes portaban un peso normal.
Una reciente investigación multi-cohortes profundiza tal conocimiento al demostrar que la asociación entre obesidad y mayor riesgo de infección se aplica para otros agentes virales, bacterianos y parasitarios, y tanto para formas leves como severas e incluso fatales de las enfermedades producidas por ellos.
De ese modo, el seguimiento por un promedio de 13 años de más de 67,000 finlandeses y casi 480,000 ingleses, con promedios de edades de 42 y 57 años, respectivamente, ofrece evidencia contundente al respecto de la asociación mencionada. Así, se encontró que portar algún grado de obesidad (ya sea I, II o III, es decir, portando un IMC > de 30 kg/mt2) imponía 70% más de probabilidad de tener una infección severa que requería una admisión hospitalaria, o que conducía un deceso, que aquellos eutríficos.
Aunque tal asociación no era tan nítida para todo tipo de infecciones los resultados demostraron la asociación para infecciones respiratorias, del tracto urinario, etc.
Por otro lado, se encontró que esta asociación tenía un efecto dosis-respuesta, de modo que el riesgo de tener una infección severa o morir de ella para quienes tenían un IMC > de 40 kg/mt2, era signicativamente mayor que para la población obesa en general, siendo ellos cerca de tres veces más propensos a estos desenlaces que personas con peso normal. Tales resultados, sumados a los riesgos cardiovasculares, y otros presentes en esta población deben alentar a los equipos de AP a ayudar a las personas con obesidad a realizar los cambios en estilos de vida con el fin de reducir su peso, y en ese sentido reducir los riesgos asociados al mismo. En ese sentido, existen una serie de técnicas y herramientas que pueden ser empleados por los profesionales de salud involucrados seriamente en dar soporte a sus pacientes que desean reducir su peso. Tal “arsenal” incluyendo el tratamiento farmacológico que, aunque tiene sus bemoles (ver anterior publicación del blog) puede ayudar, conjuntamente con un amplio abanico de otras posibilidades, a desencadenar en los pacientes un círculo virtuoso de acción y motivación para iniciar/profundizar los cambios en sus estilos de vida requeridos para reducir su peso.
Fuentes de datos : Adult obesity and risk of severe infections: a multicohort study with global burden estimates. The Lancet, February 9, 2026.
https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S0140-6736%2825%2902474-2
